10
May
08

17:18

Me volvian a arder las venas. Desde las pestañas hasta las uñas de los pies temblaba. Toda la carne viva expuesta a la suciedad de un mundo lleno de cicatrices violetas. Se esfumaba lentamente la piedad como un cigarrillo olvidado y se me consumian los pensamientos buscando en algun rincon del horizonte, cargado de torcidas antenas y sabanas, la tortura interminable de aquella mujer.
Podia cerrar los ojos, contar hasta diez. Podia fumar a escondidas para calmarme. Podia escupir saliva y evitar vomitar; y podia convencerme de que aquello no podia estar bien. Pero no podia.. no podia olvidarme del placer infinito de sus uñas clavadas en mi piel; como un gato a punto de caer. Un rastro de dolor y placer, hinchado y caliente. Una lluvia de alfileres.
Eran tan solo las cinco y dieciocho minutos de otro lunes mas encerrada en la oficina y sola; tan sola que podia llorar o masturbarme con toda tranquilidad, o lanzarme contra una de las paredes verde ortiga de la desesperacion. Claro que tenia trabajo; demasiado; pero necesitaba verla y me dolian todos los huesos, y se me desencajaba la mandibula del asco que me producia esa sensación de dependencia. La verdad, es que uno debia quitarse el sombrero ante ese perfeccionado, calculado y retorcido arte de seduccion que desprendia las 24 horas del dia, como las putas de lujo o los directores de bancos. A veces, disfruto tan solo imaginandola como un juguete al que poder vestir como uno desee, o contarle infinitas gilipolleces e incluso hondas heridas que aun supuran, a sabiendas que es de plastico, que lo fabricaron para gustarnos y que por ello, no dira nada que no sepas de antemano. Ella calla y te mira hasta dejarte la boca seca, te permite el primer paso hacia la humillación para invitarte a que te vuelvas a arrodillar, a que supliques piedad y otros “cinco minutos mas, por favor”… podrias, incluso, comerle el coño y creerte afortunado por haber sido el elegido.


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